¿Cuándo se empezó a hablar del peso ideal?
Tomando en cuenta que este es un tema relativo a la salud y el bienestar, se podría pensar que la noción de un peso ideal surgió a partir de la investigación en el ámbito médico. Sin embargo, este término surgió en el mundo de los seguros: en 1943, la compañía Metropolitan Life Insurance elaboró unas “tablas de peso ideal” que relacionaban el peso de hombres y mujeres con su riesgo de mortalidad, las cuales se utilizaron para determinar las cuotas de sus asegurados. Debido a que estas tablas se desarrollaron sin hacer uso de ningún tipo de evidencia que las sustentara, la comunidad científica no solo criticó la denominación de las tablas, sino su metodología y por lo tanto su validez. Aún así, el término de peso ideal cobró una gran popularidad que sostiene hasta nuestros días.
Creencias y métodos arcaicos alrededor del peso
Debemos empezar este apartado por una de las afirmaciones más relevantes de este artículo: el peso por sí sólo no es un indicador fiable para determinar el estado de salud de un individuo. Nos puede dar algunas luces, sí, pero no es suficiente.
Desde el siglo XIX se ha utilizado a nivel clínico el IMC (Índice de Masa Corporal), que se obtiene al dividir el peso de una persona en kilogramos entre el cuadrado de su estatura en metros, una fórmula desarrollada por Adolphe Quetelet. Sin embargo, existen múltiples estudios que han demostrado que el IMC no es un indicador que nos brinde suficiente información sobre el estado de salud física o sobre el rendimiento deportivo. Esto se debe a que el IMC no contempla la composición corporal: los tipos de tejido que conforman el peso en cuestión.
Un ejemplo: se llevó a cabo una demostración de la falta de precisión del IMC a través un estudio realizado en la Universidad Autónoma de Madrid por Kweitel, en el que se compararon el IMC y las composiciones corporales de deportistas profesionales y recreacionales, estás últimas obtenidas a través de un método llamado cineantropometría, en el cual se utilizan instrumentos análogos de bajo costo para analizar la composición corporal.
Los resultados obtenidos muestran que dos personas con un IMC muy similar pueden tener composiciones corporales significativamente distintas, como se observa en las siguientes gráficas (el color guinda representa la masa muscular y el lavanda, la masa grasa):

La gráfica de la izquierda corresponde a un jugador de rugby profesional, en período competitivo, con un IMC 31,351 kg/m2; mientras que la gráfica de la derecha corresponde a un nadador recreacional, con un IMC 30,00 kg/m2. Podemos observar una diferencia de 9% en el tejido graso y de 7% en la masa muscular. La persona con mayor IMC en este estudio, cuenta con un menor porcentaje de grasa, esto nos puede ayudar a entender el vacío de información que implica esta famosísima fórmula.
Otra forma de analizar la composición corporal es la bioimpedancia eléctrica (BIA), que se ha popularizado a través de básculas especializadas como el InBody, esta marca ha lanzado al mercado versiones profesionales y domésticas para poder acceder a información más precisa sobre nuestro cuerpo. Muchos gimnasios y consultorios médicos ya cuentan con este tipo de herramienta, sin embargo, debido al alto costo de estas básculas, suele cobrarse como un servicio aparte o aumenta el precio de las consultas, por lo que poblaciones con menor poder adquisitivo no suelen tener acceso a esta tecnología.

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Dime de dónde eres y te diré tus complejos
Con los datos proporcionados hasta ahora, podrás intuir que la noción de peso ideal se ha construido de manera arbitraria. Pero si todavía te quedan dudas, vamos a ver cómo puede variar la concepción de belleza según el país, en este caso nos vamos a enfocar en la experiencia femenina debido a que suele ser la población más vulnerable a estas exigencias sociales:
Tomemos como primer ejemplo a Corea del Sur:

El país de los idols es uno de los más exigentes en cuanto al peso ideal, dando unas cifras preocupantemente bajas y sobre todo, poco realistas. Una de las características de la cultura coreana es que se otorga muchísima atención a la apariencia física, el aspecto de una persona puede definir su acceso a buenos empleos, gimnasios y a una pareja estable.
El segundo ejemplo de esto es Venezuela:

Esa creencia de ser el país “con las mujeres más bellas” le ha cobrado factura a aproximadamente tres generaciones de mujeres venezolanas. El certamen Miss Venezuela ha sido uno de los eventos anuales más importantes del país desde el siglo XX. La relevancia que cobra este evento ha hecho que los cánones exigidos a las candidatas (medidas 90-60-90, no tener hijos, edad 17 y 25 años, estatura mínima 165 cm) se extrapolen al resto de la población femenina. Estos parámetros tan cerrados bajo los cuales se juzga la belleza de las mujeres venezolanas ha sido origen de la normalización de trastornos de la conducta alimentaria desde muy temprana edad y de la determinación del valor de una mujer únicamente por su aspecto físico y juventud.
Si quieres más información sobre la percepción del cuerpo ideal en más naciones y regiones, puedes consultar este artículo.

Querido peso ideal: más ayuda el que poco estorba
Uno de los principales problemas con sostener la creencia de que existe un peso ideal al cual tenemos que llegar, es que dicha creencia es un obstáculo al transitar el camino hacia un estado de salud más equilibrado.
La presión que representa mantenernos en la misma cifra de kilogramos durante años genera estrés y frustración, ya que es una negación al hecho de que el tiempo pasa por nosotros, trae cambios consigo y sólo tenemos control sobre algunos de ellos. Nuestra composición corporal fluctúa dependiendo de muchísimos factores: nuestros niveles de actividad, la alimentación que llevamos, el equilibrio de nuestras hormonas, cuánta agua tomamos, cuánto y cómo dormimos por las noches, etc. Estas variables no pueden ser las mismas para una persona que trabaja en oficina, que para una que trabaja por el día y estudia por la noche, para una persona con hijos pequeños, o para alguien desempleado, etc. Es importante tomar en cuenta la etapa de vida en la que nos encontramos para fijarnos objetivos realistas.
También, tomar en cuenta que si nuestro objetivo y necesidad es perder kilogramos de masa grasa por motivos de salud, obsesionarnos con la cifra del peso nos puede jugar en contra. La frustración de no ver resultados con la velocidad que quisiéramos, someter al cuerpo a rutinas de ejercicio muy demandantes mientras no se le brindan suficientes nutrientes, causan la segregación de cortisol (conocida como la hormona del estrés), cuya función es mantener al cuerpo en estado de alerta ante las potenciales amenazas del ambiente. Este estado de alerta, si se vuelve crónico, hace que nuestro cuerpo almacene más energía en forma de grasa. Nos estamos defendiendo de nosotros mismos.

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Otra perspectiva
En vez de pensar en el peso ideal como una cifra cerrada con la que nos debemos casar toda la vida, podemos empezar por percibirlo como un rango en el que podemos transitar de acuerdo a nuestras circunstancias individuales. Este pequeño cambio puede producir un gran efecto en disminuir la presión que ejercemos sobre nosotros mismos. Mantener una hipervigilancia sobre el peso y las medidas corporales puede ser, como vimos anteriormente, contraproducente para nuestra salud mental y emocional así como para el cumplimiento de nuestros objetivos en términos de salud. Lo más recomendable es limitar estas mediciones a una vez cada tres meses como máximo (a no ser que un médico indique lo contrario). El restringir esta obsesión por el análisis cuantitativo nos permite hacer un espacio para experimentar nuestro cuerpo a un nivel más sensorial, aprendiendo a darnos crédito también a través de otro tipo de avances: tener más resistencia, sentirnos más fuertes o más flexibles, aprender a movernos de nuevas formas como bailando o escalando, aprender qué alimentos nos inflaman y cuáles alegran a nuestra flora intestinal, cuándo me siento más pesado o más ligero, etc.
La perspectiva que promovemos en elkinelab es que el peso esté en un segundo plano, dejándole el foco al desarrollo de nuestra capacidad para disfrutar lo que nuestro cuerpo está hecho para hacer: nutrirse, moverse y descansar. Son tantas las evidencias de que el peso no es un factor determinante por sí sólo, que ya va siendo hora de que nos lo saquemos de la cabeza para determinar nuestro valor personal.
Referencias:
Kweitel, S. (2007). IMC: Herramienta poco útil para determinar el peso útil de un deportista.Revista Internacional de Medicina y Ciencias de la Actividad Física y el Deporte vol. 7 (28) pp. 274-289 Http://cdeporte.rediris.es/revista/revista28/artIMC18.htm

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